Michael Oakeshott (1901-1990) fue uno de los filósofos políticos británicos más originales e influyentes del siglo XX. Pese a su relativo desconocimiento en el ámbito hispanohablante, su pensamiento conservador posee el interés de clarificar algunos de los grandes asuntos de la modernidad política. A saber, Oakeshott nos advirtió del auge de las ideologías, de la tentación de planificar racionalmente las utopías que desembocaban en experiencias totalitarias y de la creciente tendencia a concebir la acción política como una empresa sostenida sobre la teoría y ajena a la práctica. Frente a estas tentaciones, Oakeshott elaboró una reflexión profundamente original sobre la libertad individual, la autoridad, la tradición, la educación y el gobierno de las leyes desde un fundamento de erudición y de creatividad filosófica. Buena muestra de su prestigio intelectual lo atestigua su trayectoria docente e investigadora en Cambridge, en Oxford y en la London School of Economics.
Su idea central consiste en comprender la política como una conversación entre individuos libres, como una polifonía de voces individuales que asumen las consecuencias del ejercicio de la libertad, y no como la imposición de un proyecto de perfección. Frente a la política ideologizada, a la polarización y a la ingeniería social, defendió una disposición prudente y respetuosa con las prácticas heredadas a lo largo de la historia. Frente a proyectos mesiánicos que hacen de la construcción de la torre de Babel el instrumento de la redención colectiva, Oakeshott reivindicó la libertad como una aventura moral y la convivencia como un delicado ejercicio de acomodación. De ahí la virtud de recuperar su disposición conservadora en una época dominada por la confrontación y la imposición de certezas absolutas.