En términos de teoría política, el procedimiento administrativo surge como resultado de la insuficiencia de una simple forma de gobierno tripartita destinada a afrontar problemas modernos. Representa un esfuerzo para adaptar la técnica gubernamental, que todavía se divide en tres partes, a las necesidades modernas y, al mismo tiempo, para preservar los elementos de responsabilidad y las condiciones de equilibrio que han distinguido al gobierno angloamericano. La separación de los poderes como máxima política es antigua; pero como principio de gobierno, santificado al ser elevado al plano constitucional y adornado con frases morales pontificales, tiene un sabor típicamente estadounidense. Además, nos ha sido reservado no hacer simplemente de esta división una forma de pensar conveniente acerca del gobierno y considerar las ventajas de controlar y equilibrar un poder determinado que puede ser investido por cierto funcionario o cuerpo, sino también por introversión judicial, distinguir minuciosa y exactamente entre los poderes. Esa sutileza de lógica tajante que caracteriza a nuestros tribunales, nos permite a voluntad descubrir un poder legislativo o judicial cuando anhelamos una determinación; al mismo tiempo nos permite evitar una decisión mediante la institución de nuevas categorías de poderes cuasilegislativos y cuasi judiciales. Tal exaltación oscurece más que clarifica el pensamiento. A pesar de este coro de abuso y diatriba, el crecimiento del proceso administrativo ofrece pocos signos de paralización. En cambio, todavía exhibe el vigor que tiene la juventud pujante, y, si hemos definido nuestra materia correctamente, se trata de una juventud con la cual estamos comprometidos. Pues aquí tenemos una institución que ha existido menos de un siglo, la cual, con pocas excepciones, ha tenido importancia pública sólo durante poco más que la mitad de ese tiempo. No obstante, su desarrollo extraordinario en años recientes, la creciente frecuencia con la cual el gobierno ha recurrido a ella, la medida en la cual está creando nuevas vinculaciones entre el individuo, el organismo económico y el Estado, ya le ha dado gran categoría. James M. Landis