Nadie como Tocqueville ha sabido explicar la grandeza de la democracia y, simultáneamente, el enorme riesgo de que los regímenes democráticos, obsesionados con la igualdad, hagan desaparecer la libertad. La democracia escribe es la libertad combinada con la igualdad. El socialismo [comunismo] es la igualdad sin la libertad. Define Tocqueville la democracia como la mayor cantidad posible de libertad, de ilustración, de poderes concedidos a todos. Un gobierno democrático es aquel que, en lugar de acotar la libertad humana, la apoya de mil maneras. Un gobierno que sitúa a cada hombre, incluso al más humilde, en condición de actuar con toda independencia. Así, resume: el mayor esfuerzo del gobierno debe tender a enseñar a los ciudadanos el arte de prescindir de su ayuda. Sin embargo, la obsesión por la igualdad puede llevar a las democracias a destruir la libertad imponiendo la tiranía suave de la mayoría, tiranía de la opinión y el buen pensar que ahoga la independencia intelectual, la discrepancia y el diálogo y que, debilitando a los individuos, da cada vez más poder al gobierno. Los ciudadanos caen a cada instante bajo el control de la administración pública, son arrastrados insensiblemente y sin darse cuenta a sacrificarle todos los días alguna nueva parte de su independencia individual, y esos mismos hombres que de vez en cuando derriban un trono y pisotean a los reyes se someten cada vez más, sin resistencia, a los menores deseos de un funcionario. No tengo tradiciones, no tengo partido, no tengo una causa que no sea la de la libertad y la dignidad humanas, son palabras que resumen la biografía intelectual de este liberal único.