
Última actualización: 2 de septiembre de 2010
Saltar al contenidoEl destino llama a la puerta de la periodista Clara Cobián el día que recibe el encargo de trasladarse a Nueva York para realizar la biografía de Greta Bouvier, la anciana dama [...]
Edición facsímil de 1801.
Pregunto. Que entendemos aqui por Llave?
Respondo. Lo que entendemos aqui por Llave no es otra cosa, que aquella idea general que con franqueza nos abre el conocimiento para [...]
Reseña:
Las crisis económicas afectan profundamente al mundo del trabajo, y no sólo porque en el intervalo de una recesión se destruya empleo y se incremente de forma considerable la tasa de paro, sino también porque las estrategias individuales que se adoptan para afrontar las pérdidas de ingreso y bienestar que la propia crisis genera terminan por influir en la valoración, redistribución y organización del conjunto de los tiempos y actividades de la vida de las personas.
El capitalismo (y, en general, el productivismo) ha alentado una concepción del trabajo meramente instrumental y, como consecuencia, un tipo de sujeto trabajador coaccionado por el cumplimiento de los objetivos y ajeno a y despreocupado por los procesos que llevan a esos resultados. Esa representación del trabajo se refleja perfectamente en la visión económica ortodoxa, que apenas dice nada del trabajo como fuente directa de satisfacción. En términos de análisis formal, el funcionamiento del modelo es independiente de quién realice la actividad, de si esta es objetivamente agotadora o manifiestamente liviana, sin importar si en su transcurso se preserva o destruye el entorno social y natural. Tampoco están presentes en esa visión las condiciones y formas de organización del trabajo que, bajo determinadas instituciones y relaciones sociales, afectan al papel del trabajo como fuente de satisfacción humana.